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lunes, 27 de julio de 2015

Trabajaron en equipo durante 12 años y ellas lograron lo que parecía imposible...

Un acuerdo de mujeres: cuatro diplomáticas forjaron el pacto entre Occidente e Irán


PARÍS.- Cuatro mujeres, generalmente desconocidas del gran público, tuvieron un papel esencial en la conclusión del histórico acuerdo sobre la limitación del programa nuclear iraní, hace casi dos semanas.
El mundo elogió la imaginación, el talento negociador y la tenacidad del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y del canciller iraní Mohammed Javad Zarif. Pocos tuvieron palabras de reconocimiento para Wendy Sherman, subsecretaria de Estado norteamericana a cargo de Asuntos Políticos; la británica Catherine Ashton, ex responsable de la diplomacia europea; la italiana Federica Mogherini, que la sucedió en el cargo, y su adjunta, la alemana Helga Schmid.
El personaje clave de esa negociación, que en total duró 12 años, fue Wendy Sherman, de 66 años, número cuatro del Departamento de Estado y especialista en los dos temas nucleares más delicados que maneja la diplomacia norteamericana: Irán y Corea del Norte. Pero, desde la llegada al poder del presidente iraní Hassan Rouhani, en agosto de 2013, la jefa del equipo de negociadores de Estados Unidos se dedicó exclusivamente a ese dossier de extrema complejidad.
"Es tan arduo que, en cierto sentido, se parece a un cubo de Rubik porque, para llegar a un acuerdo, es preciso hacer coincidir una serie de parámetros en forma simultánea", explicó en una ocasión esa atractiva mujer de cabello corto y blanco que aparecía invariablemente junto a Kerry en cada reunión con Irán.
Casada con Bruce Stokes, ex periodista y actual director del Pew Research Center, Wendy Sherman comentó que -después del éxito del acuerdo- le encantaría dejar sus funciones y dedicarse probablemente a la vida familiar.
Su capacidad de intervención como representante de Estados Unidos estuvo limitada por el formato de la negociación, que obligaba a pasar por el canal del "facilitador" europeo, la alemana Helga Schmid.
A los 54 años, Schmid es la heroína ignorada de esas negociaciones, conocidas como Irán P5+1, sigla que significa los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña y Francia) más la Unión Europea (UE) y a los cuales se unió Alemania.
"Schmid fue la pieza clave. Sherman fue la encargada de coordinar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU y tuvo una participación crucial en las discusiones bilaterales entre Irán y Estados Unidos. Pero Schmid fue quien negoció el acuerdo final y los cinco anexos", comentó un diplomático que asistió a las extenuantes reuniones en los salones dorados del Palacio Coburg de Viena.
Su posición de secretaria general adjunta del Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea significa, en otras palabras, que desde 2010 es la número dos de la diplomacia europea.
En el marco de las negociaciones con Irán, fue la encargada de aplicar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU adoptada en 2006 que designaba a Europa como un "facilitador neutral" entre Irán y el grupo P5+1.
En los últimos cinco años, Helga Schmid desarrolló un discreto trabajo que la convirtió en un personaje imprescindible para las dos mujeres que se sucedieron en la conducción de la diplomacia europea: Catherine Ashton y Federica Mogherini.
La diplomática británica, que ocupó el cargo entre 2009 y 2014, tuvo la enorme virtud de crear un clima de confianza con la delegación iraní, un precioso canal de comunicación que fue mantenido y mejorado por su sucesora, la italiana Federica Mogherini, de 42 años.
Excelentes profesionales de la diplomacia, Schmid y Mogherini optaron por privilegiar el trabajo de equipo. Schmid, respaldada por un equipo de ocho personas, fue la encargada de trabajar en la redacción del borrador del texto final y los anexos del acuerdo.
En esa difícil tarea contó con la colaboración de una quinta mujer: Nathalie Tocci, de 38 años, consejera especial de Mogherini y directora del think tank italiano Istituto Affari Internazionali, fue quien se encargó de hacer el enlace entre las propuestas técnicas, que constituían la clave de la negociación.
Después de algunas dudas iniciales, la participación de ese fuerte equipo femenino -tanto en pericia técnica como en personalidad- fue finalmente apreciada por los representantes diplomáticos del régimen de los ayatollahs, aseguró un diplomático occidental. Incluso, en ciertos momentos de tensión, esa presencia en la mesa de negociaciones tuvo un efecto apaciguador


Nota publicada en http://www.lanacion.com.ar/1813594-un-acuerdo-de-mujeres-cuatro-diplomaticas-forjaron-el-pacto-entre-occidente-e-iran

martes, 14 de julio de 2015

¿Vieja, gorda y fea? Bienvenida al club


No conozco a ninguna mujer que al menos una vez al año, al mes o a la semana no se sienta vieja, gorda o fea, o en el peor de los escenarios, todo a la vez. Y ello independientemente de la edad, peso o belleza de la mujer en cuestión. Porque vamos, que a la hora de criticarnos, no hay nadie más feroz con nosotras mismas, que nosotras.

Hemos desarrollado una habilidad tal que nos despellejamos sin pudor y sin cariño en segundos. Nos auto despachamos con: “¿Vos viste el prolapso de párpado que tengo? ¿Te parece que mañana podré abrir los ojos?” O con,  “¿Cómo es que vos no tenés esas arruguitas como palitos partiéndote los labios que tengo acá”?  Incluso he llegado a escuchar a una amiga decir, mientras se infringía un tierno apretón en la parte superior del muslo, “Con lo que sobra me puedo hacer un vestido”.

¿De dónde nos viene este talento descalificador tan terminal? Porque los varones también tienen complejos, no es cierto que no los tienen. O por gordos, o por pelados o por bajitos... Pero la gran diferencia que encuentro entre ellos y nosotras es que no se masacran a sí mismos frente a sus amigos, sin siquiera ante sus novias o mejores amigas. Las mujeres sí, nos disecamos como a una rana en la clase de biología: sin piedad y sin anestesia.

Esa presión por ser bellas (¿cuánto es suficiente), delgadísimas (incluso a niveles insanos) y jóvenes nos saca del presente. De la aceptación de este cuerpo que somos y que tiene la amabilidad de acompañarnos toda la vida. Con esto no estoy diciendo que no es buena idea cuidar qué y cuanto comemos, dormir lo suficiente, o evitar el sol en los horarios que no corresponden… Pero de ahí a querer ser otra y sufrir por la imposibilidad de ello...
Una proporción altísima de la industria de la estética está fundada en la falta de autoestima de las mujeres. ¡Cuánto dinero viniendo de tanto dolor y frustración!
Hoy miraba la transformación de Meg Ryan. Para mí lo que ella ha hecho con su rostro es la metáfora de lo que muchas de nosotras también hacemos, aunque de manera menos evidente: somos hermosas tal y como somos, pero no nos damos cuenta.


¿Cuánto tiempo más vamos a aceptar ser valoradas por un patrón que nos recorta como a los árboles bonsai? ¿Qué estamos haciendo para que nuestras hijas, hermanas, amigas y mujeres en general no crezcan temiendo no “entrar en el molde” estándar de la belleza?

lunes, 22 de junio de 2015

Ellas, tan iguales a ellos
¿Qué aportan o no las mujeres a la política?
Esta secuencia tiene dos escenas.
En la primera, Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, quien fuera alcalde del municipio Chacao de Caracas, y Patricia Ceballos, esposa de Daniel Ceballos, ex alcalde de San Cristobal, ambos miembros del partido Voluntad Popular de Venezuela, encarcelados por el chavismo y en huelga hambre, piden a las presidentes Michelle Bachelet, Dilma Rouseff y Cristina Fernandez de Kirchner, que tercien a favor de sus maridos ante el presidente Nicolás Maduro. Lo hacen aduciendo razones de empatía, sensibilidad de género y derechos humanos. Ninguna de las presidentes respondió públicamente al ese pedido. ¿Existieron gestiones diplomáticas para la liberación de estos presos políticos? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que estas presidentes privilegiaron los intereses de estado y de sus gobiernos, por sobre los derechos humanos, un tema relevante en el discurso de las tres, aun cuando es imposible batir el récord declamativo de Fernández de Kirchner.
En la segunda escena escuchamos: “Mauricio, si acordamos con Massa o con De Narváez,  yo me pongo donde me digas. No voy a obstaculizar nada”. Esto es lo que le dijo María Eugenia Vidal a su jefe político, según publicó Javier Calvo en Perfil, el domingo 17 de mayo. Mucha agua ha corrido bajo ese puente desde entonces.
Pero lo que importa es que los dichos de Vidal dialogan conceptualmente con la actitud que tuvo Gabriela Michetti, colega de espacio, cuando contrariando los deseos de su jefe político, participó en las PASO como candidata a Jefa de Gobierno. Dicha desobediencia le valió la embestida del aparato del PRO que terminó  con la derrota masiva de la “díscola”.  Pero eso no fue todo, a lo largo de la televisación del momento en que Michetti y Rodriguez Larreta reconocieron los resultados, se corona a uno y se “ubica” a la otra, Vidal obvió olímpicamente a Michetti. Curioso gesto. O no tanto.
Porque las mujeres que triunfan en política son “chicas buenas” que o bien se comportan exactamente igual a como lo han hecho sus pares varones desde siempre, o bien hacen lo que se les dice y cumplen con los objetivos que sus jefes les estipulan, independientemente de sus deseos o proyectos. No se quejan y, como sus colegas varones, acatan las órdenes que les da la superioridad, se alinean con quienes corresponde y destierran hasta de su saludo al resto. Esto sucede incluso en espacios “nuevos” en los que, se supone, se cuece la “nueva política”.
A las “chicas malas” les va mal porque sueñan con una trayectoria política complementaria a la de sus jefes y porque creen en un espacio en el que se puede discutir todo. Ellas son también conocidas como “locas”, sencillamente porque  se apartan empecinadamente del modelo masculino tradicional, dicen lo que piensan y no se venden. O simplemente no llegan, porque jamás bailarían en el programa de un misógino que le pregunta en cámara a una mujer si su marido, candidato a Presidente, la satisface sexualmente. Mujeres peligrosas si las hay.
El problema aquí es una cultura en la que el machismo sigue estableciendo referencias y, más allá de discursos, es ejercido tanto por hombres como por mujeres. Esa actitud de reforzar el sistema y aliarse con los que “ganan”, con el que conviene,  es inducida fuertemente en muchas mujeres por el deseo de ser aceptadas, de ser consideradas como uno más, a la par de cualquier otro cuadro dirigente. Tiene que ver con la necesidad de ser  apreciada o autorizada por la mirada masculina, así sea al costo de darle la espalda a “la otra”.
Y cuando las mujeres hacemos todo esto, no sólo nos premian por ser lo que no somos, es decir varones obedientes, sino que dejamos de aportar un diferencial que se relaciona precisamente con proponer otra manera de hacer lo que se viene haciendo.
Porque si las mujeres entramos a la política para hacer lo mismo que los hombres han hecho tradicionalmente, si no entramos para cambiar ninguna regla, ninguna forma de tomar decisiones, de debatir, de priorizar agendas, ¿por qué sería relevante nuestra participación en espacios políticos?
Artículo publicado Diario Perfil, Política y Mujeres 21/6/15

jueves, 18 de junio de 2015


En el nombre del padre: Mi padre

Mi padre es un personaje. No siempre lo comprendo y  no siempre él me comprende a mí.

Tengo la sensación de que a lo largo de nuestra vida juntos nos hemos mirado básicamente con curiosidad e interés. De a ratos nos hemos mirado con ternura, de tanto en tanto con rabia, algunas veces con resentimiento, pero de base, siempre ha habido un lazo vigoroso y límpido como el de los arroyos de montaña.  Mucha agua, mucho rugido, espuma  y ganas de estar juntos.

Llevo amándolo 51 años porque él es como es. Hoy en día, la mayoría de las veces, ¡ya ni quiero cambiarlo! Sé que va a cruzar mi cielo como un cometa, que necesito estar allí para verlo y que él, con enorme alegría va a saludarme desde su carrera de fuego.

También, a veces, baja la velocidad, nos encontramos, nos miramos a los ojos y entonces con eso basta…

Por otra parte, por suerte mi padre no es perfecto porque entonces puedo comprender y aceptar mejor todas mis limitaciones.

Mi padre fue mi padre y el de mis tres hermanos en condiciones difíciles porque tuvo que cuidarnos solo cuando él tenía apenas 33 años y mucho dolor entre las manos. Y pudo y lo hizo bastante bien.

Fue el primer hombre al que amé y me amó y no tengo cómo agradecerle el tiempo, la ternura y el sostén incondicional con el que me ayudó a crecer siendo  siempre ese que es: desconcertante y amoroso.
Ese es mi padre. A él lo quiero.

¡Feliz día a todos los padres que aman, respetan y cuidan a sus hijos!

jueves, 14 de mayo de 2015


Ninguna  mujer  está  sola


Hay mujeres que valoran lo femenino y hay mujeres que en el fondo o en la superficie lo consideran inferior a lo masculino.  No es algo que elijan hacer, es algo que sienten porque o bien fueron educadas para que pensaran de esa forma, o a través de sus vivencias llegaron a esa dolorosa conclusión.
Toda mujer, lo sepa o no, lo valore o no,  teje y es tejida en una red  femenina que ayuda a construir y que también la sostiene. Esto viene sucediendo desde los tiempos más remotos en los que nos unimos para sobrevivir e imagino que seguirá sucediendo en la medida que sigamos siendo humanas.
Las mujeres tejemos relaciones afectivas, de trabajo, de asociación puntual muy próximas o no tanto,  dentro de nuestras familias, en espacios laborales, en los clubes que frecuentamos, en la clase de gimnasia, en el taller de arte al que vamos o incluso en la cocina mientras preparamos la comida con la ayuda de otras o mientras tejemos juntas.
Sin embargo, existe una diferencia enorme, un salto cuántico entre una mujer que sabe que teje relaciones con otras mujeres y la que no lo sabe o no las valora.  Cuando somos conscientes de que somos un punto dentro de una trama que nos soporta, sabemos que somos responsables de sostener ese tejido no sólo porque ese entramado  social y de afectos y relaciones nos sostiene, sino porque sin él, toda la trama sufre.  Cuando una mujer sabe que integra una red femenina nunca está sola porque aún cuando así se sienta, siempre habrá alguna a la que acudir para pedir ayuda, consuelo o cobijo. Cuando una mujer sabe que integra una red femenina cuenta con la solidaridad y el apoyo que le da ese grupo de mujeres que actúa como plataforma de lanzamiento para su vida y para cualquier proyecto que quiera emprender. Estas mujeres se valoran por lo que se dan mutuamente  por lo que son. Son capaces de amar y respetar todo lo femenino y receptivo que hay en el mundo y de preservarlo como reservorio para tiempos difíciles. Y así prosperan.

Por el contrario, las mujeres que o bien no saben que integran un entramado de pares o no lo valoran, tampoco estarán jamás solas pero les faltará la confianza básica que tienen en lo femenino y en su poder.  Es ese soporte incondicional el que pude ofrecer una mujer a otra cuando el mundo, por algún motivo,  se lo niega o no puede dárselo. Por eso, una mujer nunca está sola pero elige de qué manera participa de la red que la contiene.

Nota publicada en la Revista Sohpia

miércoles, 13 de mayo de 2015

4 formas de matar a una mujer

En 2013 fueron 295. Una cada 30 horas.
83 de ellas murieron baleadas,
64 fueron apuñaladas,
37 golpeadas
y 28 estranguladas.

La mayoría de las mujeres tenía entre 19 y 30 a la hora de morir y 11 de ellas estaban embarazadas.

En el 38 por ciento de los casos, los asesinos eran esposos, novios, parejas o amantes de la víctima. Además, al menos 15 de los femicidios fueron causados por miembros de las fuerzas de seguridad.

A las mujeres las matan hombres que las ven como cosas, como algo inferior, insignificante, algo para usar y luego tirar. Y esa mirada se enseña al igual que se enseña a pegar. La enseñan hombres y mujeres todos los días, a través de lo que hacen y lo que no, con lo que dicen y también con aquello que callamos como sociedad.
Aunque también se enseña el respeto, la aceptación del otro y de las diferencias. Pero mientras importe menos la muerte de las mujeres que cualquier cuota de poder en disputa, que cualquier vuelto que pueda rapiñarse al Estado, la violencia contra las mujeres seguirá siendo un espasmo de indignación en un mar de invisibilidad. Nadie invertirá en campañas masivas contra la violencia hacia las mujeres y niños. Nadie volverá una cuestión de estado esta masacre que sigue y sigue y sigue. 
A esta altura del 2015 ya van 20 mujeres muertas y hoy, la Argentina tiene que lidiar con una deuda insaldable: 400 chicos sin madre. 
¿Que vamos a decirles? ¿Cómo vamos a explicárselo?

 *Los datos fueron tomados de las estadísticas elaboradas por la Asociación civil, Casa del Encuentro, presentadas en el Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay, en 2014.