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sábado, 27 de junio de 2020


Amigas … en tiempos de pandemia


Por Marilen Stengel

“Hasta me imagino sin pareja, pero no me imagino sin amigas”, dijo Agostina. El resto de nosotras asintió virtualmente. En ese zoom éramos 11 mujeres y todas acordamos en que no podíamos ni siquiera imaginar una existencia sin nuestras amigas, así de indispensables son, así de entrañables las sentimos. De hecho, entre todas convinimos respecto de 5 ingredientes infaltables en una amistad femenina: 1- confianza, 2-disponibilidad, 3-sinceridad, 4-respeto y 5- empatía. Un “no” sonoro y rotundo a la envida y a la competencia. Ambas inaceptables.
Sin embargo, y a pesar de la vibrante realidad que tienen nuestras amigas en nuestra vida hoy, la historia de la amistad entre mujeres es francamente curiosa y “relativamente reciente”.
Según Marylin Yalom*, desde el 600 AC al 1600 DC las amistades entre mujeres fueron ignoradas o subestimadas por los varones que escribieron la historia. Sin embargo, desde el 1700 y a medida que las mujeres accedíamos a la cultura letrada, a los recursos económicos y a los derechos civiles, las amistades se volvieron cada vez más visibles. Hasta llegar al siglo 21, tiempo en el que, para Yalom,  estamos configurando el modelo de amistad para ambos sexos.
Algo de historia
Entre 600 AC y 1600 DC, la mayoría de los documentos sobre la amistad se ocupa solo de los varones. La amistad entre ellas no se ha registrado salvo en algunos pasajes bíblicos y otras pocas referencias.
Incluso, tanto para los griegos como los romanos de la época clásica, las mujeres era notoriamente más débiles que los hombres y eran consideradas constitutivamente no aptas para la amistad. Se nos acusaría por nuestras rivalidades, básicamente por celosas y por falta de lealtad.
Montaigne, el ensayista francés (1533-1592) escribió el tratado Sobre la amistad que solo gira en torno del vínculo entre varones. Allí afirma, “la capacidad ordinaria de las mujeres es inadecuada para esta comunión, … tampoco su espíritu es lo bastante firme como para tolerar el esfuerzo de un vínculo tan estrecho y duradero”.
Lo cierto es que, con la excepción de las monjas medievales, las mujeres no empezamos a dejar registro de nuestras amistadas hasta el siglo 16, momento en el que entretener amigas era un signo de distinción social. Pero después vinieron las francesas del siglo 17 quienes crearon los salones literarios en los que las mujeres y sus amigas participaban activamente de la vida cultural de su tiempo. Las inglesas, en el siglo 18 crearon las Blue Stockings Society, un movimiento social y educativo informal de mujeres, que hizo hincapié en la educación y la cooperación mutua, que reunían intelectuales tanto varones como mujeres en pie de igualdad y unidos por lazos de amistad.
Hacia fines del siglo 18 la amistad entre mujeres se convirtió en una parte amplia y respetada de nuestras vidas solo superada por la preocupación por nuestras familias. Y ya en los siglos 19 y 20, se pensaba que las mujeres eran más afectuosas y empáticas que los varones y por lo tanto que estaban mejor preparadas para cultivarla. En 26 siglos, un cambio de 180 grados. Impactante.
En lo personal, no creo que las mujeres seamos necesariamente mejores amigas que los varones (creo que esto tiene más que ver con la persona que con el sexo o el género), lo que si estoy convencida es que una amiga es un descubrimiento que hacemos a lo largo de los años y que nuestra amistad se afianza como el nácar que recubre las perlas, una capa tras otra, despacio, hasta configurar esa joya que nos une. Y las amigas de la infancia son incluso más esplendidas, porque son testigos de quienes fuimos y quienes somos hoy. Son presencias silenciosas que pueden dar cuenta de nuestro florecimiento, de nuestras penas y fracasos, de nuestros logros y alegrías... Y siempre, siempre, estuvieron allí para abrazarnos.

*Marylin Yalom y Theresa Donovan Brown en Entre Mujeres. Una historia de la amistad femenina, Editorial Paidós, Argentina, 2018.

jueves, 16 de abril de 2020

martes, 31 de marzo de 2020

Las diosas que hay en mi es un taller de 10 encuentros virtuales de dos horas cada uno que comienza el lunes 13 de abril a las 14.30hs
La idea es explorar ciertos aspectos de nuestro mundo interno que tiene que ver con patrones o modelos femeninos que nos habitan.
Conocerlos nos permite tener una vida más consciente, más equilibrada y vínculos más sanos con otros y conmigo misma.
Te esperamos en formato virtual desde Amijai!
https://amijai.org/propuestas/#salud-y-bienestar









domingo, 29 de marzo de 2020


La dicha pequeña

“La pequeña dicha es de naturaleza tranquila y estable. Tiene que ver con la paz, la armonía, ser uno con aquello que buscamos. No es nada que mueva el mundo, sólo mueve el corazón”*, así define Elisabeth Lukas, escritora, terapeuta y discípula de Víctor Frankl, a aquellas cosas que aunque ínfimas aportan alegría y por lo tanto sentido a nuestras vidas.

Algo así como ser capaces de experimentar gozo por un beso recibido, por el calor que nos ofrece un rayo de sol, por los colores de una flor o por el poema que reverbera a lo largo de los siglos y llega a nosotros para agitarnos el corazón.

Tener la capacidad de albergar dichas pequeñas nos permite anclarnos a la vida y nos ofrecen sostén aún durante las borrascas del alma.


* Elisabeth Lukas, Psicoterapia en digidad, Editorial San Pablo, Buenos Aires, 2004

jueves, 31 de enero de 2019


 
MUJERES QUE CAMBIAN EL MUNDO
 
Por amor y por justicia

Desde hace 50 años la argentina Mary Burton trabaja en temas de derechos humanos en Sudáfrica. Primero para poner fin al apartheid, militando en una ONG llamada Black Sash, luego en la administración del Presidente Mandela y actualmente en la conservación de la memoria de una larga lucha por la libertad y la igualdad. Compartío conmigo parte de su intensa y rica experiencia.


Por Marilen Stengel  

 
María Macdiarmid Ingouville Burton tiene hoy 77 años, pero cuando llegó a la Ciudad del Cabo, Sudáfrica desde la Argentina, en 1961 y con 21 años, para casarse con Geoff Burton, su mirada sobre el mundo era completamente diferente. Educada entre San Pablo y Buenos Aires, y habiendo estudiado francés en Suiza y periodismo en Londres, todo indicaba que tendría una vida cómoda y tranquila en su nuevo país de residencia. Sin embargo, la realidad política y social con la que confrontó cambiaría su vida para siempre. “Cuando llegué a Sudáfrica sabía de los profundos problemas de discriminación que existía contra la población negra, pero lo que me costaba comprender era cómo una ínfima minoría blanca (un quinto de la población total) era capaz de ejercer el mas total dominio sobre la mayoría negra, a la vez que negarle sus derechos”. A los pocos años de llegar y consciente de que la injusticia social era la causa de la violencia en la que estaba viviendo, se unió junto con una amiga a un grupo llamado Black Sash  (Fajín Negro), una organización de mujeres fundada en 1955, comprometida con los derechos humanos y opuesta al apartheid. Las identificaba una banda negra que bajaba por el hombro y cruzando el pecho simbolizaba el luto que llevaban por vivir en una sociedad en la que las libertades constitucionales no eran respetadas. Con el paso del tiempo, la convulsión social comenzó a hacerse más violenta,  se produjeron las marchas de Sharpeville que desencadenaron la masacre de sus participantes y eventualmente la declaración del estado de emergencia, la prohibición del Congreso Nacional Africano y el arresto de millones, incluido Nelson Mandela. Desde Black Sash  participamos en marchas, debates públicos para oponernos a la división de la ciudad en zonas raciales. ¡Lo que se estaba proponiendo era la guetificación de la población negra! Nos presentamos en las Cortes en Langa que condenaban a la población negra por contravenir las “leyes de paso” que les impedían la libertad de movimiento en su propio país. Protestamos a viva voz ante las puertas del Parlamento, imprimimos panfletos, reunimos fondos incluso vendiendo tortas y artesanías para pagar las fianzas de los encarcelados, sostener la organización y luchar contra estas y otras violaciones a los derechos humanos. Lo más duro de enfrentar, durante esos años, fue la certeza de que no podíamos cambiar las políticas del gobierno, éramos demasiado pocas y definitivamente nuestros puntos de vista no eran compartidos por la mayoría blanca. Al mismo tiempo que alzábamos nuestra voz, los líderes negros eran encarcelados y sujetos a tratos inhumanos, otros eran obligados al exilio o sencillamente desaparecían. Durante los 60 y 70 el nuestro fue un trabajo solitario y terriblemente desolador. De todas formas creo que sobrevivimos como organización por que, el contacto diario con los que sufrían las consecuencias del apartheid hacía imposible que bajáramos los brazos, la brutalidad a la que eran sometidos generaba en nosotras, todas mujeres, un horror tan profundo que alimentaba nuestras fuerzas para continuar. Y también creo que muchas de nosotras sentía que disfrutaba de privilegios que le eran negados a otros por lo que nuestra obligación era persistir a pesar de todo”.   

 

Una voz que logra hacerse oír

En 1976 finalmente se vislumbró algo de  luz al final de tanta oscuridad. Ese fue el año en el que la juventud en las escuelas negras se rebeló contra la pésima calidad de su educación rechazando además el uso del afrikáans como lengua de instrucción. Su valiente resistencia se disparó rápidamente por todo el país y encendió una impactante ola de protestas. A través del liderazgo clandestino de los movimientos políticos declarados ilegales, poco a poco y desde el extranjero, se fue organizando un frente de oposición que coagularía en 1983 con el United Democratic Front (Frente de Unión Democrática). El principal elemento de dicho frente fue la política anti racista y anti sexista, que era la misma que también había propiciado el Congreso Nacional Africano, 20 años atrás. Este nuevo movimiento se ocupó de congregar a todas las organizaciones que compartieran esa visión, Black Sash entre ellas. Sin embargo, a mayor resistencia mayor represión. Los encuentros entre el estado y las organizaciones anti-apartheid se volvieron más y más violentas, lo que desencadenó el estado de emergencia entre 1986 y 1990. Durante aquellos años Burton fue nombrada Presidente Nacional de Black Sash “Participábamos de encuentros, de marchas  de protestas callejeras  intentando morigerar la violencia con nuestra presencia, lográndolo en algunos casos y fracasando tristemente en otros. Fuimos testigos de la brutalidad, la registramos y la difundimos. Decíamos a quien quisiera escucharnos que la única manera de poner fin a la violencia era crear una sociedad justa en la que todo el mundo estuviera representado y gozara de los mismos derechos. Un buen número de nuestros miembros fueron arrestadas y retenidas por largos períodos sin ser juzgadas. Mis experiencias consistieron en breves períodos de arresto en los que la peor era presenciar cómo, por ser blancas, se nos trataba mejor que a las mujeres que no lo eran. Nunca tuve miedo durante esos momentos de encarcelamiento. Si en cambio temí por mi seguridad y por la de mis colegas, cuando confrontábamos con representantes del estado que eran sospechados de detener e interrogar a personas en lugares clandestinos”.

 

Una esperanza llamada Mandela

            Como reza la última frase de la hermosa novela de García Márquez, “porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra”, en 1990, el entonces Presidente de Klerk anunció que su gobierno levantaba la prohibición sobre el Congreso Nacional Africano y sobre otras organizaciones políticas, y que comenzaría una ronda de conversaciones con todas ellas, el preludio para las primeras elecciones libres de la historia de Sudáfrica que colocó a Nelson Mandela en la Presidencia de ese país.

Durante el gobierno de Mandela, María Burton se desempeñó como Comisionado en la Comisión de Verdad y Reconciliación, en el área de Derechos Humanos, en la que durante tres años registró, junto a otros, las terribles violaciones a los derechos humanos que habían sido perpetrados tanto por los agentes del estado como también por los movimientos de liberación. “Entre todos los casos escuchamos 22.000 testimonios desgarradores. Con base en ellos redactamos un documento que los registra a todos y cada uno de ellos. Los difundimos por radio y televisión para que nadie pudiera negar esa parte tan profundamente cruel de la historia”. Desde entonces, la sociedad sudafricana ha progresado inmensamente a pesar de que la deuda interna sigue arrojando datos que revelan un alto grado de injusticia y pobreza, desempleo y servicios sociales inadecuados a las necesidades de los más pobres, pero aún, hay fe en el nuevo sistema.

Antes de despedirnos le pregunto que pediría si estuviera segura de que se le concedería un deseo. Sin dudar respondió, “Que haya maestras excelentes, dedicadas y bien remuneradas en cada escuela del país con la capacidad de dar a cada niño una justa y equitativa oportunidad en la vida”.

En 2003, María o Mary Burton fue distinguida con la membresía de plata de la Orden de Luthuli* que le fue otorgada por el President Mbeki. Actualmente se aboca a al registro de la historia de Black Sash, de la que sigue formando parte pero desde el Comité de Asesores, “por que la memoria nos mantiene humildes”, señala.

 

* El Jefe Albert Luthuli desde 1921 lideró un movimiento de protesta contra la segregación racial que luego se convertiría en el Congreso Nacional Africano. En reconocimiento a tu labor recibió en 1960 el premio Nobel de la Paz.

miércoles, 6 de junio de 2018


¿De qué te reís?


Ayer llegó al chat de ex compañeras del colegio uno más de los miles de chistes por el estilo que circulan por la red. Este relataba el diálogo entre dos amigos, uno decía: “Mi mujer anda por la casa como Dios la trajo al mundo” y el otro le preguntaba, “¿Desnuda?”, a lo que el primero respondía, “No. Gritando”.

Como decía, este es solo uno más de una larga lista en la que las mujeres aparecemos como las gritonas, las histéricas, las celosas patológicas, las arpías…Usualmente no les presto atención  pero ayer se me dio por preguntar quién había decidido que las gritonas éramos nosotras, las mujeres. Una de las chicas salió a apoyar mi comentario, pero luego me encontré con que otra me decía que había que tener cuidado con no perder el sentido del humor, que en realidad a la que “le quepa el sayo que se lo ponga”…  En un segundo, por cuestionar la difusión de este  tipo de "contenido",  corría el riesgo de haberme convertido una persona carente de humor o una malhumorada que anda a los gritos por su casa y por eso le molesta el chiste. Cabe aclarar acá que tampoco me hacen gracia esos cuentos en los que a los varones se los pinta como torpes, básicos emocionales, lineales, instintivos, brutos…

En un contexto en el que a las mujeres se las violenta de tantas formas, me parece que es importante cambiar los chistes, las palabras, las actitudes y acciones. Es en las pequeñas cosas que se percibe el progreso de una sociedad, el buen trato entre sus miembros. Y creo que vale la pena practicarlo aun cuando, a veces, corramos el riesgo de ser “poco divertidas” para alguna gente.

viernes, 9 de marzo de 2018


Lo varones son la solución

Por Marilen Stengel

La pastillas anticonceptivas hicieron un primer y extraordinario trabajo en favor de la liberación femenina pero son los varones la verdadera y más rotunda solución para nuestra “liberación definitiva”, y para integrar equilibradamente la vida de unas y otros.

Ellos siempre estuvieron ahí, obvios y al alcance de la mano, pero como en “La Carta Robada”, de Edgar Alan Poe, eran tan evidentes, que “pasaron inadvertidos”. Fue así porque durante mucho tiempo la sociedad prefirió creer- y, hasta cierto punto, sigue creyendo-  que había y hay cosas de mujeres (los hijos y el hogar) y cosas de hombres (el mundo del trabajo y la provisión de dinero). Pero las cosas hace rato que no son lo que eran.

La realidad social de 50 años atrás voló por los aires empujada por profundos cambios en las actitudes, acciones y finalmente por los derechos que adquirieron las mujeres. En estas cinco décadas, la presencia femenina en el mercado de trabajo se triplicó, lo que significa que hoy casi 7 de cada 10 mujeres trabaja fuera de su hogar. Hemos salido con fuerza y con talento al mundo extra doméstico, y desafiando prejuicios propios y ajenos hoy ocupamos lugares impensados hasta hace relativamente pocos años. Con su trabajo, muchas sostienen el hogar y otras aportan ingresos que resultan significativos para sus familias, ya que hoy en día un sueldo tiende a ser insuficiente para cubrir todas las necesidades. Hicimos y hacemos todo esto sin dejar de parir, hacer las compras, preparar la comida, lavar y planchar la ropa, limpiar, llevar a los chicos al colegio, al médico, atender las fallas en el hogar, entre mucho más. Todas actividades no remunerativas que son la condición básica para el empleo. Nadie puede ir a trabajar sin comer, sucio o desaliñado. Y a pesar de que desde hace décadas una masa crítica creciente de mujeres aporta dinero a sus hogares, una proporción baja de varones ingresó al hogar para compartir las tareas domésticas y de cuidado.

Las estadísticas muestran que, si bien la participación de los varones en los quehaceres de hogar aumentó, el porcentaje de trabajo que unas y otros asumen sigue siendo extremadamente desigual. En nuestro país, 9 de cada 10 mujeres hacen estas labores mientras 4 de cada 10 varones no realizan ninguna de ellas. Una mujer que cumple una jornada laboral completa dedica más tiempo al trabajo doméstico (5,5 horas semanales) que un hombre desempleado (4,1 horas semanales).

Las mujeres hemos hecho malabares para conciliar la vida privada con la laboral, sintiéndonos culpables por querer trabajar y sintiéndonos en falta por pasar tantas horas lejos del hogar. Es hora de que los varones, con quienes compartimos la vida, ejerzan el co protagonismo de la familia que fundaron. Redistribuir los trabajos de cuidado y de administración del hogar entre varones y mujeres es no solo justo sino indispensable. Las mujeres tal y como estamos, no somos sustentables.

¿Cuál es el verdadero obstáculo, la barrera insalvable para que varones y mujeres compartan dichos quehaceres? Estereotipos de género, generalizaciones usualmente aceptadas por un grupo amplio que determinan qué es y puede/debe hacer una mujer y qué es y puede/debe hacer un varón.

Necesitamos desafiar esos modelos con energía desde la educación, desde la legislación y con acciones que impacten de modo sistémico en toda la sociedad, porque no hay que olvidar ni por un minuto que las diferencias de género terminan convirtiéndose en diferencias de poder. 

La solución para equilibrar la vida de las mujeres son los varones, con el ingreso masivo de estos a la gestión doméstica. Ahora bien, ¿cuántos de ellos están dispuestos a dar este paso? Lo harán cuando comprendan dolorosamente lo que se pierden cuando se mantienen alejados de una dimensión fundamental de la vida de sus hijos y de sus mujeres, no antes.

lunes, 12 de febrero de 2018


Con ser mujer no alcanza


Tres de los ocho imputados por la muerte de Emanuel Garay, son mujeres.

Emanuel tenía 18 años, 4 hijos y un sueño: ser policía. Para ello ingresó como cadete en el cuerpo de Policía de La Rioja. Como parte de su formación debía pasar por la instrucción física. Pero lo que debía que ser una instancia de aprendizaje, se convirtió en una sesión de tortura ya que quienes estaban a cargo de la misma les negaron el agua. Resultados: 11 cadetes internados y Emanuel murió debido a una descompensación que sufrió al deshidratarse.

A cargo de la “del baile” como le llamaban en la colimba (abolida durante la presidencia de Carlos Menem a raíz  del asesinato del soldado Carrasco en 1994), estaban los ocho imputados ya detenidos: el subdirector general del Instituto de Seguridad, comisario mayor Dardo Nicolás Gordillo; el director de la Escuela de Cadetes, comisario inspector Ramón Alberto Leguiza; el jefe del Cuerpo de Personal Masculino, comisario Jorge Marcelo Leguiza, y la jefa del Cuerpo de Personal Femenino, comisaria Adriana Mabel Rodríguez, además de cuatro instructores: la oficial inspector Nadia Soledad Bravo; los oficiales subinspectores Elio Gonzalo Marcial e Ivana Karina Luna, y el oficial ayudante Marcos Antonio Miranday.

¿Por qué importa que tres mujeres estén implicadas en esta muerte? Porque si no queremos que nos maten, si queremos equidad en el ámbito del  trabajo y en cuanto a nuestros derechos civiles, tenemos que ser las primeras en defender la vida y romper las alianzas con quienes no la respeten. La tortura a la que se sometió a estos cadetes era para que mostraran si “eran hombres”. Porque un hombre se la banca, es duro, no se queja, sobrevive… Pero no todos, Emanuel no pudo y no porque no fuera hombre, sino porque lo trataron como a una cosa.

Estoy convencida que es importante que más mujeres lleguen a puestos de poder pero también creo que importa más que tipo de mujer es y también para qué quiere “llegar”. Si la que sube es machista o si quiere llegar para tener ella poder, entonces nada cambiará. Con tantos hombres duros, ¿quién quiere mujeres de hierro?

Con ser mujer no alcanza.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Aunque no lo creas, es cierto

La ONU anunció en abril de este año que Arabia Saudita integrará durante cuatro años la Comisión de Derechos de la Mujer, un cuerpo intergubernamental dedicado a promover la igualdad de género. Hay que recordar que en ese país las mujeres usan burka, no tienen derecho a la educación, ni siquiera pueden someterse a una cirgugía sin el consentimiento de un varón de la familia. ¿Realmente podemos las mujeres aceptar esto? ¿Qué fundamentos tuvo António Guterres nuevo Secretario General de la ONU para avalar sejemante falta de respeto? Necesitamos darle voz a las que no la tienen, en este caso, las mujeres saudies.
Vean el video no tiene desperdicio.




martes, 18 de julio de 2017

MUJERES "COSA"

Por Marilen Stengel

Hace algunos días en en Nunca es tarde, el programa de Germán Paoloski que sale por Fox Sports, invitaron al ex tenista Pico Mónaco y como parte de la entrevista le propusieron “un juego” en el que debía reconocer la cola de su mujer entre otras cuatro fotos. Mónaco salió airoso del desafío pero la reacción de Pampita, su pareja, no se dejó esperar. Ella dijo textualmente: “Es feo. Imagínense si no hubiera embocado. ¡Lo mato! No le hablo una semana si se equiv...ocaba. Me hubiera enojado muchísimo”.
Entiendo el enojo de Pampita pero me sorprende que no se haya dado cuenta que el juego era aún más perverso. La habían tratado a ella y a otras tres ex parejas de Mónaco como “cuartos traseros”. En un país en donde la cosificación de las mujeres llega a niveles mortales, hay un femicidio cada 20 horas, ¿cómo no criticar tanto la bajeza de Paoloski sino la violencia que este juego implica? ¿Las mujeres somos eso, colas? ¿Nadie tiene nada que decir ante este tipo de disparate? ¿Por qué las mujeres del espectáculo no salieron a repudiar semejante insulto? ¿Por qué Mónaco no dijo yo a esto no juego? Cómo dijo Martin Luther King, “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos ... Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

miércoles, 3 de mayo de 2017


Soltera ¿En serio?


“En 2009 el número de mujeres solteras  superó por primera vez en EE UU al de casadas y un 46% de las menores de 34 años nunca han contraído matrimonio”, dice Andrea Aguilar en Solas porque sí*, una nota imperdible en El País Semanal.
Esta estadística es impactante porque las solteras siempre figuraron en el primer renglón de la peor lista que todas las sociedades – tanto occidentales como orientales- elaboraron para las mujeres a lo largo del tiempo. Ni siquiera un soltero es tan “horrible” como una soltera.
Y si bien las cosas están cambiando de apoco y la opción de no casarse nunca ya dejó de ser un disparate, al menos en gran parte de occidente, sigue cayendo un velo de sospecha sobre una mujer que nunca se casó. En demasiados casos se la suele ver como alguien egoísta, raro o con graves problemas psicológicos. De hecho, hace unos pocos años, en un programa de radio, mientras me entrevistaban a propósito de la salida de uno de mis libros, dije algo que enfureció a un señor, furia que lo llevó a grabar un mensaje diciendo: “Ella dice lo que dice porque seguro que es fea y nunca se casó”. La conductora y yo nos reímos un buen rato, pero siempre me quedó esta idea de que las solteras la pasan peor/o necesitan dar explicaciones solo porque eligen un modelo de vida diferente. Y cuando digo solteras no me refiero a aquellas mujeres que ya tuvieron una gestión y tras el divorcio vuelven a estar disponibles. No, no me refiero a ellas. Hablo de las que nunca se casaron.

Lo cierto es que desde las estadísticas y desde los modelos que aparecen en las series de  TV, hoy hay más mujeres solteras pero todavía no escapan del todo a la estigmatización. Aguilar, en la nota mencionada cita la historia de una joven de la posguerra con un novio imposible al que aguantó y esperó hasta que él le propuso matrimonio. El día de la boda, vestida de blanco en el altar, al ser preguntada si tomaba a su novio como esposo, dijo: “No, y si he llegado hasta aquí es para que sepan todos ustedes que si me quedo soltera es porque me da la gana”.
En la práctica, lo que pensamos a nivel individual y colectivo configura los estereotipos y modelos culturales que rigen los contextos en los que vivimos. Eso significa que podemos cambiarlos. ¡Una opción muy saludable!

miércoles, 30 de noviembre de 2016


Heidi en el acantilado de cristal


Por Marilen Stengel

Cuando en 1986 el Wall Street Journal publicó un artículo que hablaba por primera vez del «techo de cristal» («Glass ceiling barriers»), quedó acuñado un término que daba y sigue dando cuenta de una realidad tangible en la vida de muchas mujeres que trabajan: la limitación velada al ascenso hacia las posiciones más altas dentro de las organizaciones. Y se lo llamó de esa forma, porque techo alude a una barrera difícil de superar que se encuentra en la parte superior de las organizaciones,  y  de cristal al hecho de que dichas barreras son invisibles dado que  no existen leyes o dispositivos sociales oficiales que determinen una limitación explícita en el derrotero laboral de las mujeres. Desde entonces se acuñaron otros términos que también dan cuenta de estas limitaciones (aunque con otras acepciones): techo de concreto, laberinto, suelo pegajoso y más recientemente, acantilado de cristal.

Aunque este último término no es nuevo, apareció por primera vez en 2005 en la investigación “El Acantilado de cristal: evidencia de que las mujeres están sobrerrepresentadas en posiciones precarias de liderazgo”[i], realizado por Michelle Ryan y Alex Haslam, profesores de la Universidad de Exeter, Reino Unido,  todavía es menos conocido que los términos citados anteriormente. Pero, ¿qué es un  acantilado de cristal? Es básicamente un concepto que describe el fenómeno de mujeres que llegan a posiciones de liderazgo como ejecutivas en el mundo corporativo o como candidatas en elecciones durante períodos de crisis o de bajos resultados, cuando las posibilidades de fracaso son más altas. El trabajo de Ryan y Haslam que contiene estudios empíricos interesantes, muestra hasta qué punto se vuelve “aceptable” el liderazgo de mujeres en situaciones desfavorables, algo que tiende a desaparecer en tiempos “normales”.

En este punto me viene a la mente el caso de María Eugenia Vidal, la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, que ganó las elecciones cuando pocos imaginaban que esto fuera posible. Y al día de hoy hay buenas preguntas sin responder. Por ejemplo, ¿Por qué Mauricio Macri confió un bastión con un caudal de votos tan inmenso como estratégico a una verdadera desconocida, en vez de recurrir a una figura con un perfil más alto? ¿Acaso no quería sacrificar una figura “relevante” en una gesta “imposible”? ¿O realmente estaba convencido de que Vidal podía obrar el milagro?

Sin duda la elección de Vidal como candidata fue una gran sorpresa (aunque no lo sea a la luz de los estudios de Ryan y Haslam), y también el éxito que aportó, uno sin el cual hoy Macri no estaría ocupando la Presidencia. Lo cierto es que, la hasta hace poco apodada Heidi, llegó al poder “gracias” al acantilado de cristal.




[i]Ryan, M. K., & Haslam, S. A. (2005). The glass cliff: Evidence that women are over-represented in precarious leadership positions. British Journal of Management, 16, 81-90 .

lunes, 24 de octubre de 2016


5 maneras de matar a una mujer

 

por Marilen Stengel

 
Hay al menos 5 maneras fáciles de matar a una mujer
Por ejemplo, se la puede apalear.

Para ello sólo hace falta tomar un objeto contundente y golpearla hasta que muere. Ni siquiera tiene que ser demasiado pesado, con que sea un objeto duro es suficiente.

 También se le puede disparar, cualquier arma de fuego con la suficiente potencia funcionará. Y hay muchas disponibles, sólo hay que pedirla prestada.

 O estrangularla. Ahí habrá que hacer fuerza o bien con las manos o con una cuerda o con cualquier cosa que se le pueda anudar alrededor del cuello.

 Otra opción es el apuñalamiento. En cualquier casa existe un buen cuchillo que hará eficazmente el trabajo.
 
El fuego tampoco es una alternativa desdeñable. Para ello hay que rociar a la mujer  en cuestión con cualquier sustancia inflamable y ya está. Morirá instantáneamente o más lentamente en el hospital, pero morirá.

 Sin embargo, para que cualquiera de estas opciones funcionen es indispensable que la justicia haga oídos sordos a las denuncias que esa mujer haga, que la policía la ignore y le recuerde que debe ser paciente y que los vecinos piensen que la violencia es un tema privado.

En 2015 fueron asesinadas 286 mujeres y en lo que va del 2016 ya son 275. 

En menos de dos años hay más de 400 chicos sin madre y me pregunto,
¿Qué vamos a decirles? ¿Cómo vamos a explicárselo?

lunes, 3 de octubre de 2016


Las razones de la emoción


Por SERGIO SINAY (*)

Somos seres emocionales que razonan. Esta breve y clara definición de Daniel Kahneman, psicólogo israelí que en 2002 ganó el Premio Nobel de Economía por sus estudios sobre la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre, explica qué nos hace humanos. La conjunción de la emoción con la razón, el funcionamiento integrado de ambas. Kahneman describe en “Pensar rápido, pensar despacio” (su obra esencial y más conocida) los dos sistemas de pensamiento que, según él, determinan las conductas. El que llama “Pensamiento 1” es rápido, reactivo, inmediato, espontáneo, ajeno a la voluntad. Detecta relaciones simples, no va más allá de lo superficial y obvio, no requiere esfuerzo. A veces funciona basado en experiencias ya vividas y de ellas extrae sus conclusiones, y a veces produce lo que Kahneman llama “heurísticas”. Estas son respuestas rápidas y sencillas (no comprobables, pero que suenan lógicas en su formulación) para preguntas complejas. Atajos de la mente. El “Pensamiento 1” está teñido por lo emocional. Al no tener registro de su propia dinámica puede producir una doble ceguera: la de no ver con claridad lo que sucede, seguida de no ver que no vemos.

El “Pensamiento 2”, a su vez, es lento, efectúa cálculos complejos, determina elecciones, requiere tiempo y concentración, compara, evalúa, supervisa los argumentos que parecen lógicos, puede impedir que cometamos errores, corrige sus propias conclusiones y tiene percepción del propio funcionamiento. Es consciente. Podemos llamarlo pensamiento racional.

El “Pensamiento 1” es impulso, el “Pensamiento 2” es autocontrol. Ambos están siempre activados, como humanos forman parte de nosotros. Pero mientras el 1 jamás se desconecta (tiene que ver con nuestros primitivos y necesarios mecanismos de alerta y atención, con nuestro estar en el mundo), el 2 puede permanecer en letargo y acude cuando el 1 no resuelve una situación, cuando se altera nuestra configuración de la realidad y nuestra manera de existir en ella. Se aplica a relaciones complejas, desarrolla procesos, no es un proveedor de respuestas express.

MATRIMONIO NECESARIO

En cierto modo los sistemas de pensamiento descritos por Kahneman son la base para un matrimonio de la emoción con la razón. Cuando la emoción copa todo el escenario quedamos a merced de nuestros impulsos, librados a la posibilidad de gruesas equivocaciones y sus consecuencias, no vemos alternativas, no procesamos ideas. Y si predomina la razón, podemos convertirnos en fríos calculadores, personas utilitarias incapaces de percibir los sentimientos de los otros, ajenos al ejercicio de la empatía.

Somos, recordémoslo, seres emocionales que razonan. La emoción va siempre adelante. La razón acude en su ayuda. Gracias al Sistema 1 tomamos decisiones que, en emergencias, pueden salvarnos la vida. Gracias al Sistema 2 hacemos elecciones que van marcando el rumbo de nuestra existencia. Ambos sistemas están estrechamente relacionados al modo en que gestionamos las emociones.

Las emociones son energía. No las elegimos. Surgen. Nadie elige enojarse, tener miedo, sentir tristeza, avergonzarse, alegrarse. Ocurre que nos enojamos, nos atemorizamos, nos avergonzamos, nos entristecemos, nos alegramos. Son respuestas a una circunstancia detonadora. Las emociones son reacciones. Y estas reacciones nos impulsan a actuar. En efecto, a la presencia de una emoción le sigue una acción. La emoción que sentimos en determinado momento nos lleva a actuar de tal o cual manera. No permanecemos indiferentes a la presencia de la emoción. Ni siquiera quienes luchan por dominar, ocultar, suprimir o cancelar una emoción son inmunes a ella.

Somos, recordémoslo, seres emocionales que razonan. La emoción va siempre adelante. La razón acude en su ayuda. Gracias al Sistema 1 tomamos decisiones que, en emergencias, pueden salvarnos la vida. Gracias al Sistema 2 hacemos elecciones que van marcando el rumbo de nuestra existencia

A propósito de esto es oportuno señalar que ninguna emoción puede suprimirse, dado que su aparición es ajena a nuestra voluntad. Resulta inútil luchar contra el miedo, la ira, la vergüenza o la tristeza, usualmente consideradas como emociones “negativas”. El intento sería una suerte de “guerra civil”, en la que nuestra mente (o una parte de ella) rechaza a un aspecto de nuestro ser (la emoción) y envía tropas a sofocarlo. Nadie se corta los dedos para no padecer sabañones, ni se quita los ojos porque son miopes. En todo caso hacemos lo posible para mejorar nuestra circulación o nuestra visión. Cooperamos con esa parte de nuestro organismo que está afectada. No la llamamos “negativa”. La misma actitud debería prevalecer en la gestión emocional.

No existen emociones negativas. Sí hay modos negativos o disfuncionales de expresarlas o de actuar a partir de ellas. Un enojo expresado oportunamente, con claridad y con argumentos, puede destrabar situaciones confusas, poner un límite, resolver injusticias, reordenar lo que se desmadró. Esto sería un manejo positivo de la emoción. Para ello deberíamos percibir que estamos enojados, preguntarnos qué nos enfurece y qué necesitamos para atender el motivo que detonó la ira. Es decir, necesitaríamos del aporte de la razón, sin desmerecer ni negar la emoción. Disfuncionalmente expresada, esa furia puede terminar en violencia, agresión, destrucción, caos y empeoramiento del hecho que la motivó. Así, también, el miedo puede ayudarnos a fortalecer los recursos y a diseñar mejores estrategias para enfrentar con eficacia la situación que nos atemoriza, es decir puede mantenernos activos y en búsqueda. O, por el contrario, ese mismo miedo, cuando no nos detenemos en registrarlo, escucharlo y encauzarlo, podría paralizarnos, dejándonos sin respuestas o en una actitud que convierta su origen en un fantasma ingobernable.

Las emociones están en nosotros, hay que repetirlo, cumplen funciones y traen mensajes. Escucharlos y entenderlos es un síntoma de madurez emocional. Del mismo modo, la razón es un don con el que contamos, y apelar a ella nos eleva desde un sustrato meramente instintivo y animal (dicho sin ánimo peyorativo) a la condición humana. Esta condición se plasma definitivamente cuando emoción y razón se integran y, asociadas, nos permiten comprender nuestro derrotero existencial.

ANTIDOTO PARA LA VIOLENCIA

Las consecuencias funestas del divorcio entre emoción y razón están a la vista de una manera trágica y dolorosa en estos días, cuando se repite hasta el cansancio la expresión “emoción violenta” como justificación de hechos irreparables. En esa emoción que destruye vínculos, que malbarata proyectos existenciales y que cobra vidas no hay lugar para el menor asomo de razón, de esa razón que nos recuerde que somos humanos, que vivimos con normas, que creamos y aceptamos límites y que el ojo por ojo nos deja a todos ciegos. La emoción violenta, dice el Código Penal, atenúa la pena ante un homicidio, pero no da inimputabilidad. No se pueden retrotraer los efectos que ella provoca. Pero hay algo que podría contribuir a prevenirla. Por ejemplo, el ejercicio de la argumentación, de la reflexión. La alfabetización emocional consistente en aceptar nuestras emociones, aprender a identificarlas y conducirlas a buen destino bajo la rienda de la razón. Esto no se adquiere en un instante. Necesita convertirse en hábito a partir de su ejercicio diario en las abundantes situaciones (mínimas y complejas) que la vida provee. La inteligencia emocional se aprende y actúa como prevención para la salud mental.

(*) El autor es escritor y periodista. Sus últimos libros son "Inteligencia y amor" y "Pensar"

Artículo publicado en el diario El Día de La Plata, 02 de Octubre de 2016 en Edición Impresa


 

 

martes, 27 de septiembre de 2016

Uno de los temores más grandes de las milicias de ISIS son las mujeres soldado porque si mueren en manos de ellas no mueren como mártires y por lo tanto no reciben su premio en el más allá. Una nota imperdible de Fatima Sadiqi, activista y fundadora del primer Centro Marroquí de Estudios e Investigación sobre las Mujeres (1998), entre mucho más.

Mujeres que frenan al ISIS

Resistencias. Asesinatos, secuestros, violaciones padecen las mujeres en manos del ISIS. Sadiqi, una investigadora feminista marroquí, analiza el lugar de las mujeres en el ascenso y caída de la organización.

Por Fatima Sadiqi

Si bien la cobarde masacre de mujeres yazidíes por parte de ISIS en Irak y Siria contribuyó a darle notoriedad, su gradual caída en parte es obra de las mujeres kurdas que combaten contra él en las líneas del frente. Es fácil ver una simple venganza en esta progresión, pero una lectura más profunda apunta al papel fundamental de las mujeres en la ideología de ISIS y el papel futuro que tendrán en su desenlace. Cuando en 2014 ISIS capturó territorio para instaurar un autodenominado califato, quería montar un espectáculo que el mundo no pudiera pasar por alto. Entonces recurrió a los secuestros, los asesinatos, las violaciones y el sojuzgamiento masivos, especialmente entre la minoría yazidí. La brutalidad de ISIS contra las cautivas tenía como propósito humillar al enemigo y hacerle llegar una advertencia a cualquiera que no adhiriera a su interpretación extremista y radical del Islam. En enero y febrero de 2016, Human Rights Watch entrevistó a quince mujeres y niñas yazidíes y a 21 mujeres árabes musulmanas sunnitas que lograron escapar de ISIS. La mayoría de ellas había pasado más de un año en cautiverio y dijeron que fueron obligadas a convertirse al Islam (si no eran musulmanas), esclavizadas, violadas sistemáticamente –a veces por múltiples militantes yihadistas– y compradas y vendidas.
La trágica historia de estas mujeres indica que el seudoestado de ISIS se construyó sobre el total sojuzgamiento de las mujeres, y el grupo de hecho con frecuencia orquestó una propaganda misógina brutal para expresar y promover su ideología. ISIS ha institucionalizado la violencia física y psicológica contra las mujeres a través de fatwas (decretos religiosos) emitidos por importantes ideólogos. Lo que es peor, esta práctica se ha exportado a otros grupos extremistas, como Boko Haram en el oeste de África, que juraron fidelidad a ISIS a comienzos de 2015.
La ideología del grupo requiere el “borramiento” de los derechos civiles de las mujeres y su total subordinación a la estructura familiar y los hombres que la controlan. El recorrido aprobado de la vida de una mujer es permanecer en el hogar y criar a pequeños yihadistas para que peleen por el Estado. Las mujeres que transgreden el papel ideal de esposa y madre buscando autonomía o autoexpresión fuera de la familia son severamente castigadas. Todo esto se basa en una interpretación perversa de la ley islámica que, como no es de extrañar, aún opera sólo en el dominio del derecho familiar. En este plano, a las mujeres se las necesita para legitimar las fatwas que defienden la ideología imperante pero también son chivos expiatorios útiles cuando se las necesita.
Contra este telón de fondo, es especialmente irónico ver a las mujeres soldados kurdas en la línea del frente de la coalición encabezada por EE.UU. peleando contra ISIS en Siria e Irak. Recientes operaciones militares recuperaron territorios que hacía mucho estaban bajo el control de ISIS, incluso zonas del sur de Mosul, la capital iraquí del grupo. Las imágenes de esas victorias, donde se ve a mujeres, son un antídoto contra la venenosa propaganda de ISIS y alientan a más mujeres a oponerse a los dictados ideológicos del grupo. El mensaje al parecer se está difundiendo. Al atenuarse el control de ISIS sobre el territorio, también lo hace el control sobre las mujeres. La imagen más memorable de la liberación de la ciudad siria de Manbij fue la de mujeres quemando sus burkas y denunciando públicamente las atrocidades de ISIS.
Esos potentes gestos simbólicos tendrán efectos tanto a corto como a largo plazo. En el corto plazo, son una afirmación pública de la autonomía de las mujeres; después de tanta propaganda y brutalidad, muchos en la región ya no creían que ese comportamiento fuera posible. A largo plazo, las imágenes de mujeres matando y capturando a combatientes de ISIS son el primer clavo en el ataúd de la ideología del grupo, que se funda en la premisa falsa de la inferioridad femenina. Dado que ISIS colocó a las mujeres en el centro de su ideología, las mujeres son una amenaza oculta significativa para aquel. Al demostrar su acción personal contra los dictados de ISIS, las mujeres liberadas de su control le recuerdan al mundo que el grupo ha secuestrado los valores universales del Islam y pervertido sus enseñanzas. Es apropiado que mujeres fuertes y valerosas ayuden a derrotar a un grupo cuyo mito fundante se basa en el sojuzgamiento violento de las mujeres. El papel de las mujeres como combatientes, quizá más que cualquier otra cosa, garantizará que los principios de ISIS –en particular su estilo letal de patriarcado– sean rechazados por completo.

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Mujeres-frenan-ISIS_0_1652234772.html

© Project Syndicate.
Traducción: Elisa Carnelli

lunes, 22 de agosto de 2016


Vírgenes Juradas: Cuando ellas son ellos


Por Marilen Stengel

Se cree que no quedan más que 30 ó 40 de ellas en el norte de Albania. La vírgen jurada o virgjeneshtë en albanés, es un mujer que o bien para evitar un matrimonio que no desea o para que la familia no se vea privada de un hombre, renuncia al matrimonio y jura mantenerse célibe  de por vida ante los ancianos de la comunidad o del pueblo. Durante la ceremonia, se corta el pelo, se viste como hombre y recibe el permiso de llevar armas y de ocupar la posición de jefe de familia.
Esta tradición aparece registrada por los viajeros europeos en el siglo XIX en regiones agrícolas remotas, no solo entre albaneses sino también entre eslavos del sur y gitanos, sobre todo en  regiones agrícolas remotas, donde se continuaba viviendo en grupos de familias y clanes con un ordenamiento arcaico.

La figura de la virgen jurada le permitía a las familias que se quedaban sin hombres, contar con un miembro que pudiera asegurarles la supervivencia ya que estas tenían permiso para hachar un árbol, cazar o realizar cualquier otra tarea de “hombres”, algo estrictamente prohibido y penado en las mujeres. Y esta es precisamente la historia que elige narrar  la directora de cine italiana Laura Bispuri en la película que lleva como nombre Vergine Giurata (Vírgen Jurada) que se presentó en el 65º Festival Internacional de Cine Berlinale en Berlín. Una historia hermosa, conmovedora y muy recomendable, ya que enfrenta al espectador a una realidad poco conocida por el gran público, en la que una mujer para poder sostener a su familia, toma la decisión de ser una virgen jurada. En la ficción la historia no termina allí , pero en la realidad, estas mujeres nunca más vuelven a actuar como tales.

jueves, 28 de julio de 2016


Potenciales machistas


Por Agustina O'Donnell

 

Hace unos días escuché desde el living de mi casa a dos chicos jugando y uno le decía al otro: “jugás como una nena”, y se lo decía con la intención de agredirlo. No era la primera vez que escuchaba un insulto así en boca de un varón pequeño, de hecho lo había escuchado un montón de veces, y también recordé que lo mismo estaban escuchando mis hijas desde sus habitaciones. 



Comentarios de niños sin evidentes visos de peligrosidad, pero si se suman a los mensajes que esos mismos menores reciben desde su primer día de vida de los programas de tv y en particular de las publicidades, llegué a pensar que quizás fuera ese el origen de potenciales maridos, jefes, hermanos, o amigos machistas. Y en esta cruzada tendiente a impedir nuevas generaciones de machistas no es menor el rol de las madres de hijos varones. Y no hace falta que los hagan jugar con muñecas, como en Suecia o Finlandia para mostrar una crianza acorde a los principios básicos y elementales de la educación no machista.



Ser una nena no puede ser nunca un insulto.



Hay que explicarles, ya desde chicos, que ninguna madre es feliz si para su día le regalan un detergente, por mejor fragancia que tenga,  superhéroe incluido,  que limpiar la casa es lo que más odian hacer, igual que los hombres, ya que  cuando pueden contratan a otros para que lo hagan, en general mujeres; que los regalos de cupones de descuentos en spa de uñas no son su meta ni su meca, que lo que quieren para su día es un buen libro, o ir a ver un buen espectáculo o un buen descuento en el service mecánico para su auto, porque ellas también tienen auto y para ellas también el service es caro. Y  si no, prefieren un ramo de flores o un buen beso.



Hay que decirles también que no es gracioso el aviso de la publicidad de una tarjeta de un banco en el que una mujer aparece como una compradora compulsiva… Que les expliquen que así no son las mujeres. Que su mayor placer es comprar para otros y, además, con su propia plata.



Quizás sea casual, pero no hay nadie en mi familia que responda al perfil de esta publicidad, ni hay tampoco en las familias de mis amigas ni en las de mis colegas de trabajo, ni en los ámbitos académicos a los que concurro donde cada vez hay más mujeres académicas, ninguna de las cuales sacrificó proyectos personales para estar ahí; todas ellas de clase media como yo. La realidad es que la clase baja no tiene tarjeta de crédito y la clase alta no necesita campañas de publicidad para gastar. 



Es que no nos hace mejor sociedad solo ser solidarios con las víctimas de los femicidios y asistir a todas las marchas que se organicen. Lo que nos hace mejores es evitar engendrar nuevos machistas y de ese modo que los actos machistas no lleguen, por la razón que fuere, al brutal extremo del femicidio. 


Y, sí, soy madre de dos mujeres, ¿se nota?